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¿Cómo puedo influir en MÍ?

Tres preguntas clave

¿Cómo puedo influir sobre mis deseos?

¿Cómo puedo influir sobre los incentivos?

¿Cómo puedo influir sobre los factores que facilitan la decisión?

¿Cuál es la función de las emociones para una vida ecológica?

Estrechamente relacionadas con la motivación están las emociones y los sentimientos.

Los expertos nos dicen que las emociones son universales y básicas. El dolor, el placer, el miedo, la furia, la alegría, la tristeza, la sorpresa, el asco… Sobre ellas se construyen sentimientos variados que en cada cultura se han modulado de diferentes maneras.

Sentimientos y emociones nos dicen cuál es el estado de nuestro organismo, cómo están nuestros deseos y nuestras motivaciones en su choque con la realidad. Si se están cumpliendo experimento satisfacción y si no se cumplen, decepción. Si pierdo el objeto de mis deseos siento tristeza y si la pérdida es definitiva puedo verme invadido por la desesperanza. El miedo me advierte de la presencia de un peligro. La furia de un obstáculo o agresión.

Así, cada emoción dejada a sí misma provoca un sentimiento según hayan sido las experiencias anteriores; y cada sentimiento despierta un deseo que impulsa a una determinada acción:

  • El miedo a huir.
  • La tristeza a recluirme y llorar.
  • La alegría a saltar.
  • La ira a acometer.

Las emociones están orientadas a la acción y, frente a un acontecimiento inesperado, fortalecen y animan a un cambio alterando las prioridades que tenemos.

¿Cómo gestionamos las emociones?

Entendiendo que las emociones son nuestro GPs mental:

Analicemos nuestros mapas afectivos para ver si nos dirigen bien. Desde el inicio de nuestra vida la relación con el entorno va construyendo nuestra experiencia y definiendo nuestra interpretación de las emociones frente a los estímulos que recibimos. Si siento hambre y mis padres me dan de comer, generan en mí la confianza de la abundancia y supervivencia; si un ruido me asusta y mis padres permanecen tranquilos e identifican el origen, yo integraré ese ruido como inocuo y no tendré miedo. Si cada despertar encuentro el rostro sonriente y la voz dulce de mis padres, se asentará en mí la alegría de vivir. Así con cada situación de la vida. El miedo, la ira, la alegría, la tristeza…

Si descubrimos que algunas reacciones emocionales son desproporcionadas o inadecuadas, revisemos su posible condicionamiento base. No se trata de psicoanalizar sino de ir al origen. Por ejemplo, me duele un pie y llevo varios días así, decido ir a médico y su primera pregunta será ¿cuándo empezó a dolerte, recuerdas algún incidente, una torcedura…? y comenzamos a pensar.  Igual con las emociones, hemos de pensar o preguntar qué sucedió. Con frecuencia el que tiene miedo al agua es porque casi se ahoga o presenció un episodio así. Lleguemos al origen y veamos qué decisión tomamos para el futuro y que opera hoy en nuestro actuar sin hacerlo conscientemente.

Desmontemos la respuesta emocional inconsciente que pueden impulsarnos a comportamientos inadecuados, de los que después nos podemos arrepentir y que también van minando progresivamente nuestro desarrollo y felicidad. Dejarla estar no es lo mejor. Un pequeño bultito se convierte en un absceso y si es maligno en un cáncer y en la muerte. Una herida emocional condiciona la toma de decisiones, va invadiendo las diversas áreas de la vida persona y las relaciones, nos lleva a interpretar erróneamente el proceder de los demás y los acontecimientos… y abocarnos a la autodestrucción.

El camino siempre ha sido la guía de expertos que nos ven objetivamente y pueden orientarnos. Nadie es buen juez de su propia causa. Ni el médico puede curarse a sí mismo. Pide ayuda. Trabaja tu personalidad para crecer en armonía y felicidad. Construye felicidad en tu entorno.